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Capital Psicólogos colabora en un trabajo de investigación realizado  por Cristina Codesido Reboredo, estudiante de Grado de periodismo, nos habla sobre el tema del Acoso Escolar. Es un magnífico artículo, la autora nos explica cómo viven los chavales un maltrato por parte de sus compañeros y nos ayuda a concienciar que «No es cosa de Niños», que va más allá de unas simples burlas integradas en un juego social. Nos expone, con ayuda de datos estadísticos, que los padres y educadores tienen un papel fundamental en la erradicación de este fenómeno.

NO SON COSAS DE NIÑOS

 

Autora: Cristina Codesido, estudiante de periodismo en la Universidad Complutense de Madrid.

Colaboradores: María José Fernández, directora de AMACAE, asociación madrileña contra el acoso escolar; María Padilla, psicóloga y directora del centro de Psicología Capital Psicólogos.

 

El acoso escolar es una epidemia que puede afectar a cualquier centro y que concierne a toda la comunidad educativa

La mayoría de las personas que sufren acoso escolar no cuentan su situación al adulto

La sociedad no está preparada para ver cuerpos distintos, nunca entiendes por qué a ti y no al del lado

Los principales efectos nocivos del acoso escolar son el bajo rendimiento académico, la baja autoestima y la ansiedad, pero pueden ser más extremos

Los centros escolares deberían ser siempre un espacio en el que poder sentir seguridad y aprender de una forma tranquila, pero para muchos niños y niñas, poner un pie en las aulas es similar a comenzar su día en un campo de batalla, cada día hay una guerra nueva que combatir. Los colegios se han convertido en un infierno donde encuentran un tipo de violencia del que son víctimas por sus propios compañeros de clase. Se trata del acoso escolar o más comúnmente conocido como bullying. ¿Quién no ha oído alguna vez a un compañero de colegio llamarle a otro “cuatro-ojos” o “gafotas”, simplemente por llevar gafas, “foca”, por tener sobrepeso, o “jirafa” si era algo más alto que el resto? Lo vivíamos como algo normal, sin ser conscientes de las consecuencias psicológicas que esto podía acarrear, eso que tan solo parecía cosa de niños. Hoy en día hay mucha más agresividad tanto en juegos, como en la televisión en general y, en cierta manera, se acaba trasladando a los colegios, por lo que la situación se ha ido agravando.

Las humillaciones y los abusos a los que se enfrentan los niños que sufren bullying no son puntuales, sino que se mantienen en el tiempo, por lo que podemos considerar que se ven sometidos a una situación traumática. Las consecuencias psicológicas que tienen son importantes, se vuelven niños tristes y apagados que suelen desarrollar diferentes tipos de miedos, especialmente relacionados con las relaciones personales, y con una autoestima muy tocada, llegando a sentir en ocasiones que son culpables de lo que les está pasando y que se lo merecen.

Paula Campo de 21 años, estudiante de ingeniería química, sabe muy bien que significa esa violencia. Atacada por sus compañeros, aislada y aterrorizada hasta el punto de verse juzgada hasta por el propio centro. Así es como se ha sentido durante todo el colegio Paula. Quien solo ahora después de muchos años, se siente con fuerzas para contar su historia.

Paula Campo en el salón de su casa

“Yo creo que todo empezó cuando me empecé a desarrollar físicamente mucho antes que mis compañeras, esa fue la diana de todas las burlas, gorda, cerdo o gorila son palabras que me costaron mucho superar”. Paula recuerda como las clases de educación física se convertían en los peores momentos de su vida, “una tortura constante”, donde incluso hasta el profesorado se convertía en parte activa de esas burlas, “nos mandaba correr y yo siempre era la última, entre el asma y que odio correr, recuerdo como el profesor se reía de mi con frases como, ahí viene el cerdito oing oing, eso potenciaba el discurso de odio en mis compañeros”. A pesar de eso, la joven ingeniera recuerda cómo se dejaba la piel para poder integrarse fuese el coste que fuese, como recoger los envoltorios de todos sus compañeros para que estos le dejasen jugar con ellos, buscar la aceptación del más fuerte como resguardo de las burlas, algo que nunca llegó a conseguir.

Como muchas personas que sufren bullying, Paula no lo compartió con su familia, y pronto se encerró en sí misma. Uno de los motivos principales era el ahorrar sufrimiento a sus seres queridos, “sabía que si se lo contaba a mis padres iban a sufrir, como es normal, y yo no quería”, otro de los motivos de su silencio es la autoculpabilidad, “me sentía culpable, pensaba que había hecho algo que merecía todo lo que me estaba pasando” añade.

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“Cuando pones un mote a una persona le estas quitando su identidad, dejas de ser tú para pasar a ser esa personalidad que te han impuesto”

Jorge García, joven periodista de 24 años recuerda la época del instituto como los peores años de su vida, donde sufrió una situación de acoso y maltrato tanto físico como verbal.

“Siempre he sido una persona con sobrepeso y eso ha hecho que me llamasen por infinitud de nombres, como bola o bolinche”, recuerda Jorge mientras traga saliva. Durante sus años en la escuela siempre se sintió alguien totalmente relegado, hasta el punto de llegar a sufrir acoso por parte de otro alumno que también estaba siendo víctima de ello, “buscar la aceptación del más fuerte”. Este es un fenómeno que suele darse en determinadas situaciones, cuando una persona está siendo víctima de bullying, y a su vez es observador de otro caso similar, buscan adoptar el rol de acosador para inmediatamente abandonar el de acosado, una especie de “pasar la pelota”.

“Cuando llegué nuevo al instituto era de los pequeños, pronto me convertí en un blanco fácil, gordito, bajito, afeminado, con gafas y brackets, un grupo de gente mayor la tomó conmigo y esto desencadenó en que me tirasen por las escaleras, fue uno de los momentos más traumáticos de mi vida” relata el joven periodista, quien solo ahora puede contarlo sin romper en lágrimas.

La naturaleza del acoso puede ser física, verbal o digital (el conocido como “ciberbuylling”) o basada en la exclusión social, y puede ser directa (quien agrede a la cara) o indirecta. En España se empezó a hablar del fenómeno en 2004, sobre todo a raíz del suicidio de Jokin Ceberio, de Hondarribia, (Guipúzcoa), que acabó con su vida a los pocos días de cumplir 15 años por el acoso escolar por el que se encontraba sometido, y como él, montones de niños. El último caso más sonado es el de Kira, otra joven de 15 años que decidió quitarse la vida cuando salía de casa para ir a clase. La familia de Kira ha acumulado pruebas y testimonios a lo largo de estos meses que han destapado el lado más oscuro del centro, y que demuestra su teoría de que el detonante del suicidio fue el bullying.

“Las familias tienen un rol fundamental en la investigación y resolución del conflicto, pero normalmente empieza con la negación de que su hijo o hija esté agrediendo, y también hay incomprensión y dolor de que esté siendo acosada” apunta María José Fernández, presidenta de la asociación AMACAE, una de las entidades que hacen prevención de bullying en los centros escolares de Madrid.

“El sistema es hoy un fraude institucionalizado que deja en la indefensión absoluta a la familia”

“Cuando los adultos hablamos de acoso escolar siempre ponemos el foco en quienes tienen el rol de víctima. En cambio, deberíamos ver cómo proteger a nuestro hijo para que no tomen el de agresores” dice María José. La presidenta de la asociación ha llegado a acusar a la Comunidad de Madrid por “falta de responsabilidad” por no haber distribuido las guías de prevención de suicidio impresas desde hace un año, pese a haberse registrado dos suicidios de escolares en la Comunidad de Madrid.

María José en su despacho

“Necesitamos una ley integral de prevención de la violencia en las aulas, que se centre en la evaluación de las conductas de maltrato para cortarlas de raíz y que apueste por el respeto y el buen trato de los códigos éticos de centros elaborados por todos los alumnos en cada aula y suscritos a la dirección del centro docente y los profesores” añadía María José Fernández, quien cada semana, recibe en un despacho decorado con posters de autoayuda, clínex y bombones, a decenas de niños que rompen en lágrimas contando su historia en busca de un ápice de ayuda.

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¿Cómo detectar si mi hijo sufre acoso?

Algunos indicadores que empiezan a dar las víctimas de acoso escolar, algunos a observar por los padres y otros por los centros docentes son:

  •   Reticencia a ir al colegio, a quedarse a comer allí, a hacer educación física
  •   En los recreos se van a la biblioteca, al baño, a la capilla
  •   Negación a hacer actividades extraescolares con sus iguales
  •   Dejan de tener relato
  •   Llegan a casa con sus objetos rotos, manchados o se han perdido. Falta en casa dinero, objetos, comida…
  •   Tienen problemas de atención, memoria, razonamiento y concentración, lo que suele implicar la bajada de expediente académico
  •   Malestar físico y múltiples indicadores psicosomáticos, intensificados en incorporaciones tras fines de semana y vacaciones
  •   Cambios bruscos de carácter: tristeza, irritabilidad, frustración, nerviosismo
  •   Tienen miedos y desconfianza
  •   Están hipervigilantes

El equipo Capital Psicólogos en colaboración con AMACAE intervienen con acciones activas en la prevención, información (escuelas, padres, tutores, entidades educativas), intervención, tratamiento, prevención para ayudar a parar el fenómeno bullying en todas sus expresiones. Haciendo partícipe tanto a los jóvenes como a la comunidad educativa.

 

No es difícil cambiar las maneras de relacionarse hacia tratos no dañables en entornos escolares lo que SÍ es difícil es  saber que SER CONSCIENTES de la necesidad.

 

 

En las jornadas de prevención y concienciación para provocar un cambio de mentalidad, motivamos la responsabilidad para afrontar el bullying escuchando a los chicos y chicas que  expresen. De esta manera nos dan la oportunidad de descubrir cómo ellos/as  mismos generan ideas para parar el acoso escolar. Este protagonismo les ayuda a sentirse parte para la resolución estimulando la empatía y el reconocimiento del bullying.

 

 

Según María Padilla, psicóloga titulada, normalmente las familias se preocupan de que sus hijos puedan padecer, pero no tanto de que puedan ejercer u observar “porque no son conscientes de que el bullying tiene muchas consecuencias negativas para todos los implicados sino, seguro que darían más importancia al hecho de que su hijo o hija sea un agresor o un observador”

“El bullying es un efecto bola de nieve, la persona vive con ese trauma pensando que así es la vida”

Entre los principales efectos nocivos, la experta señala, en relación a quienes lo padecen, bajo rendimiento académico, inseguridad y baja autoestima, “una de las cosas que se quedan es una creencia internalizada y naturalizada, como que yo parpadeo o yo respiro, que yo soy menos, que yo no soy igual que los demás, yo vivo con ello y lo sobrellevo, pero cuando se manifiesta ya se escapa de nuestro control”. Los niños no tienen desarrollado el sentimiento de empatía y esto es gran parte del foco del acoso.

Todas las fuentes consultadas consideran que es muy importante que las familias que son conocedoras de que su hijo está involucrado en un caso de bullyin, se coordinen en primer lugar con el centro escolar para que este pueda poner en marcha el protocolo de actuación que tenga establecido para estos casos, también resulta fundamental llevar el caso a alguna asociación que pueda servir de guía tanto para los padres como para los niños y poder sentirse arropados, sin olvidar el papel de la psicología, ya que el principal punto atacado es la salud mental de la víctima.

Las familias tienen que hacer un gran trabajo para intentar recuperar la autoestima del niño, si ha sido agredido tiene que saber que no es su culpa, que tiene derecho a estar bien y que se le acompañará. Si ha agredido, tiene que saber que él no es la agresión, que no necesita eso para estar bien y que también se le acompañará para que encuentre que necesita para quererse.

Teléfono contra el acoso escolar de la Comunidad de Madrid

900 018 018.