La culpa es del neocortex

 

En la etapa de la adolescencia todo es descubrir, atreverse, no se perciben consecuencias ni miedo. El Neocórtex o funciones de reflexión y autocrítica todavía no están completas.

 

Las emociones del adolescente son especialmente teatrales, tiene crisis enigmáticas, siente apatía o tiene experiencias sexuales que pueden ser poco adecuadas. Pero también, por el sentimiento de pertenencia al grupo, puede iniciarse en el consumo de drogas que pudiera tener a su alcance. En este sentido, las nuevas tecnologías representan una fascinante estimulación que, sin control, pueden resultar peligrosas. 

 

Los padres deben acompañar y estar cerca para facilitar la comunicación, dialogar, negociar. Por tanto, la comunicación juega un papel clave. Los adolescentes son imprevisibles, con personalidad inestable y ganas de experimentar, necesitan desafiar y negar a sus padres pues con ello se autoafirman. Este proceso de AUTOAFIRMACION es necesario para que su cerebro consiga desarrollarse hasta la siguiente etapa. 

 

Confirmar que un adolescente consuma algún tipo de droga o abuse del móvil o los videojuegos, no es una tarea exenta de dificultades. Lo normal es que el menor intente ocultar a los adultos por todos los medios, la satisfacción que le genera sus comportamientos adictivos y no admita nada.

 

La edad es un factor muy importante en el consumo de drogas o adicciones a las nuevas tecnologías. El cerebro está más formado, es más completo, somos más capaces de decir NO, tenemos una identidad más definida a partir de los 18 ó 19 años que a los 14 años. El adolescente de 14 años tiene un cerebro en formación, muy probablemente no dirá que NO por no desmarcarse del resto, está en un periodo poco definido, en tierra de nadie.   

 

Es necesario identificar por profesionales, si el adolescente es problemático, que se refugia en el consumo de sustancias o usa las drogas en un contexto de tentaciones. Se trabajará tanto con el menor como con la familia, pero las directrices y las intervenciones serán diferentes según sea el caso. En el primer caso, se dará prioridad a la terapia con el menor y la familia podría tener que adoptar cambios en función de las necesidades del adolescente. En el segundo caso, serán los padres quienes colaboren y aprendan herramientas para evitar la adicción del adolescente.