La autoestima, una arma personal

 

Hablar de baja autoestima es sinónimo de indefensión. En la edad adulta, solucionar problemas de autoestima no es tan grave como en la adolescencia porque los adultos tienen una empatía más evolucionada y no son el foco de críticas o exclusiones en el ámbito social.

 

En casos de baja autoestima, el adulto evitará, la mayor parte del tiempo, salir de su zona de seguridad, lo contrario supone experimentar miedo, estar en tensión. Se puede sufrir ansiedad, depresión, estrés postraumático.

 

La persona con baja autoestima ocupará buena parte de su tiempo evitando los síntomas de padecerla y no conseguirá la suficiente autoconfianza en sí mismo. No tendrá aspiraciones, no podrá plantearse objetivos y no obtendrá la satisfacción de alcanzar metas. El miedo a no sentirse integrado, en general, evitará que alcance todo su potencial y desarrolle su “yo” esencial. 

 

El individuo se ve afectado por su percepción de elementos “amenazantes” como la familia, la pareja, su entorno laboral, etc. En tal caso, se debe acudir a un profesional que canalice todos estos síntomas hacía una buena autoestima.