Terapia Infantil

Un inmenso mundo emocional.

CENTRO DE TERAPIA INFANTIL.

El Niño se encuentra siempre más vulnerable que el adulto al no contar con la decisión voluntaria de qué hacer en momentos de crisis interna. Ellos están a expensas de sus cuidadores. Su salud emocional depende de los recursos de sus responsables que a veces no cuentan con los adecuados.

La Psicología Infantil brinda la oportunidad a los niños de manejar y resolver su malestar. Previene el desarrollo de cuadros más serios en su vida adulta y pone al alcance de sus posibilidades una vida feliz, merecedora de cualquier niño.

Un menor jamás debería estar expuesto a según qué situaciones o emociones; deberían estar protegidos de todo daño pero desgraciadamente, a veces, no podemos garantizar esa protección. Su cerebro está en crecimiento y todo lo que aprenda en esa etapa será crucial para el afrontamiento de la vida posterior.

Para más complejidad, la manera en que los niños nos comunican su malestar es difícil de detectar, no disponen de los recursos de los adultos. A veces un “malhumor continuado” es signo de que algo en su interior no está funcionando bien.

Un buen comportamiento o la obediencia por norma es una alerta de ansiedad interna pero… ¿Cuántos padres se preocuparían por este síntoma? ¿Cuántos niños piden ir a un psicólogo?.

Los niños también sufren pero su cerebro aprende rápido haciendo cambios, cambios que cuando la amenaza no está presente, permanecen en el tiempo y es cuando se descoordinan sus emociones, se desajusta su forma de pensar y el cuerpo se siente no acorde con la realidad.

Es responsabilidad de los adultos preguntar, observar, estar informados, ya que la detección temprana siempre es importante.

¿Cómo saber cuándo llevar a mi hijo al psicólogo?

Ante cualquier señal de alerta es importante acudir a un profesional de la salud para que sea él quien determine la gravedad de la situación. Para saber cuándo acudir al psicólogo hay que valorar las su desarrollo evolutivo y sus cambios en el ámbito emocional y de conducta.

En lo que respecta a su desarrollo evolutivo estarían: dificultades en aspectos como motricidad, por hiperactividad o hipoactividad, escasa capacidad para adquirir nuevos aprendizajes, pobre deseo por estar con otros niños, aislamiento o rechazo en relaciones sociales, retraso en el lenguaje… pueden dar alertas sobre posibles trastornos de neurodesarrollo (Trastorno de Déficit de Atención -TDAH-, Trastorno del Espectro Autista. -TEA- , Discapacidad Intelectual, Dificultades de aprendizaje, Trastornos de la comunicación). 

Ante esta situación, el psicólogo infantil podrá hacer una evaluación de las características que presente el niño y valorar si el desarrollo en el ámbito evolutivo es acorde a su edad, para posteriormente afrontar y desarrollar objetivos de estimulación cognitiva o desarrollo de habilidades que estén afectadas para poder favorecer el máximo potencial.

Si nos enfocamos al ámbito emocional y de comportamiento, encontramos reacciones de irritabilidad, agresividad, aislamiento, dificultades para el sueño, para aceptar normas, para tolerar la frustración, comentarios que hagan referencia a poca valía personal, poco interés por cosas novedosas o agradables, no querer ir al colegio, sintomatología física recurrente, como dolor de tripa, vómitos, dolor de cabeza, frases o reacciones donde se nota que su autoestima está por debajo, afrontamiento de situaciones con ansiedad o miedo… Todo lo anterior puede estar indicando que algo está ocurriendo. El niño, en óptimo desarrollo y equilibrio se encuentra libre de explorar, se muestra alegre y disfruta de sorpresas y muestras de afecto. También busca interactuar con otros niños y con sus figuras de apego más cercanas.

Es importante remarcar que situaciones que rompan su estabilidad y seguridad van a afectar sobreseguro a su parte emocional y desarrollo de su personalidad. Estas situaciones pueden ser fallecimientos, hospitalizaciones, acoso escolar, separación de sus padres, cambios de domicilio recurrentes, ausencia prolongada de alguno de sus progenitores, situaciones de conflicto intrafamiliar… 

Algunos podrán identificar esta situación y la expresarán para buscar alivio, otros no serán conscientes o evitarán hablar de ello. En este último caso, en el que el niño no expresa, probablemente sí manifestará su malestar con cambios en su comportamiento. Es por tanto que debemos estar atentos a los comportamientos disruptivos porque están significando que hay que arreglar algo. De mano del psicólogo infantil se dará valor a esos comportamientos como puerta de entrada para buscar estrategias y soluciones para las diversas situaciones que estén influyendo en su óptimo bienestar bio-psico-social.

¿Por qué acudir al psicólogo infantil?

El psicólogo infantil tiene la misión de ayudar al niño a resolver las dificultades o conflictos con los que esté lidiando en su día a día y poder dar respuestas más adaptativas y ajustadas a la situación. El psicólogo infantil previamente habrá creado un entorno seguro, un lugar donde el menor pueda expresar su mundo interno, donde vea que es entendido y validado, bases para establecer un vínculo de confianza y de seguridad. De esta forma, el niño se sentirá libre para poder expresarse, y encontrará alivio al poder observar desde otra posición aquello que le afecte. 

La familia es otro factor importante, ya que fuera de consulta son ellos quienes han de manejar el día a día del niño y ayudar a gestionar, de la misma manera que se entrena en sesión, las emociones o comportamientos en ebullición.

El psicólogo infantil también ayuda a la familia a darse cuenta de qué otros factores pueden estar influyendo en el malestar de su hij@. El niño o adolescente, ante la falta de experiencia debido a su corta edad, puede experimentar gran angustia ante problemas que para los mayores no tengan importancia, pero hemos de tener en cuenta la perspectiva del niño. El adulto tendrá el papel de nutrir al niño con su experiencia para ayudarle en su crecimiento personal desde la compasión, el cariño y la aceptación incondicional. Es por esto que cuáles sean los estilos educativos de las figuras principales de apego y cómo respondan ante las necesidades del niño son otros factores importantes que pueden estar repercutiendo en el desarrollo de la personalidad del menor.

Por último, y aludiendo a la neurobiología del desarrollo, en función del momento evolutivo del niño se sabe que el cerebro crea estructuras que son la base sobre la que se forjarán los esquemas internos de pensamiento que todos tenemos para entender el mundo que nos rodea. Estas estructuras son redes neuronales que guardan aprendizajes y memoria sobre los eventos que se viven. Cuanto más temprana se ofrezca la ayuda al niño, menos repercusión tendrán las experiencias dolorosas para el desarrollo de su personalidad adulta. Si estas dificultades permanecen en el tiempo sin resolver, darán lugar a patrones de conducta que pueden ser menos adaptativos y más difíciles de reparar.

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