Un inmenso mundo emocional

El Niño se encuentra siempre más vulnerable que el adulto al no contar con la decisión voluntaria de qué hacer en momentos de crisis interna. Ellos están a expensas de sus cuidadores. Su salud emocional depende de los recursos de sus responsables que a veces no cuentan con los adecuados.

 

La Psicología Infantil brinda la oportunidad a los niños de manejar y resolver su malestar. Previene el desarrollo de cuadros más serios en su vida adulta y pone al alcance de sus posibilidades una vida feliz, merecedora de cualquier niño.

 

Un menor jamás debería estar expuesto a según qué situaciones o emociones; deberían estar protegidos de todo daño pero desgraciadamente, a veces, no podemos garantizar esa protección. Su cerebro está en crecimiento y todo lo que aprenda en esa etapa será crucial para el afrontamiento de la vida posterior.

 

Para más complejidad, la manera en que los niños nos comunican su malestar es difícil de detectar, no disponen de los recursos de los adultos. A veces un “malhumor continuado” es signo de que algo en su interior no está funcionando bien.

 

Un buen comportamiento o la obediencia por norma es una alerta de ansiedad interna pero… ¿Cuántos padres se preocuparían por este síntoma? ¿Cuántos niños piden ir a un psicólogo?.

 

Los niños también sufren pero su cerebro aprende rápido haciendo cambios, cambios que cuando la amenaza no está presente, permanecen en el tiempo y es cuando se descoordinan sus emociones, se desajusta su forma de pensar y el cuerpo se siente no acorde con la realidad.

 

Es responsabilidad de los adultos preguntar, observar, estar informados, ya que la detección temprana siempre es importante.