El cerebro quiere recuperar el equilibrio

 

El estrés postraumático es la secuela que nuestro cerebro tiene tras un acontecimiento en el que nuestra vida se ha puesto en riesgo o hemos sido testigos de uno o varios episodios impactantes, como por ejemplo el haber sufrido un accidente o haber estado en una situación violenta.

 

El cerebro normalmente trabaja por recuperar el equilibrio perdido. Muchas veces puede reducir el impacto de las secuelas de forma natural, pero otras muchas no puede debido a que el suceso es demasiado aversivo,  por su propia naturaleza  o porque la persona no tiene los recursos madurativos necesarios para integrar la experiencia.

 

El contexto de cómo se sintió la persona se repite en forma de sensaciones, imágenes, recuerdos  que aparecen una y otra vez de forma intrusiva y hacen que la persona no pueda sobrellevar su vida diaria. Esta alerta y miedo genera además una activación del sistema nervioso simpático, que la persona sufre a través de síntomas de sudoración, nerviosismo, o taquicardia. Todo esto suele estar acompañado por unos pensamientos negativos sobre sí mismo y los demás, desesperanza en el futuro, reviviscencias, y pesadillas que generan junto a la combinación de lo anterior, mucho miedo y angustia asociado a estas vivencias.

 

En el tratamiento de esta dolencia, la psicoterapia se convierte en algo necesario para superarlo pero a veces también es necesaria la ayuda de los fármacos. Los más usados son los ansioliticos y antidepresivos.

 

Gracias a los avances de la Neurociencia, se ha descubierto que hay ciertas regiones de nuestro cerebro que quedan hipersensibilizadas por el miedo, y hacen que estén más activas frente a estímulos cotidianos que aumentan toda la problemática descrita anteriormente. Una psicoeducación adecuada del cuadro sintomático junto con el uso de técnicas de tercera generación como EMDR y Brainspotting facilitan que la persona pueda recuperar la funcionalidad del día a día.