Papá, mamá, pipí

 

Aunque la maduración fisiológica de cada niño lleva su ritmo, es frecuente que hacia los 2-3 años, la mayoría de los niños puedan haber dejado de usar pañales.

 

Si el niño hacia los 4 años tiene dificultades para el control de las heces, tanto diurnas como nocturnas podríamos estar hablando de un problema de Encopresis. Si hablamos de la orina lo llamamos Enuresis.

 

Lo primero que debemos hacer antes de realizar una evaluación psicológica es descartar la posibilidad de que pueda ser un problema orgánico (para ello se debe realizar una evaluación médica). Eliminada esa causa, habrá que comenzar a delimitar qué problema psicológico puede estar detrás de dicha dificultad para el control de esfínteres.

 

Cuando el niño nunca ha llegado a controlar los esfínteres estaríamos hablando de una enuresis o encopresis primaria. Es frecuente en estos casos que nos encontremos con un origen genético o de desarrollo.

 

Si el niño controló esfínteres y a posteriori dejó de hacerlo, hablamos de enuresis o encopresis secundaria. Es en estos casos en los que el origen psicológico está más claro, debiendo centrarnos en observar cambios en las circunstancias vitales del niño que hayan podido ocasionarle dificultades emocionales, que los niños a tan temprana edad suelen expresar a través de sus cambios fisiológicos.

 

Evaluaremos de forma precisa para hallar el origen y una vez detectado poder aplicar el tratamiento más adecuado. Siendo lo más frecuente el trabajo con los padres a través de pautas y seguimiento de los resultados.