El cuerpo habla

 

El estrés es una respuesta a una realidad que percibimos demasiado intensa de cara a los recursos que tenemos para afrontarla. La ansiedad se puede definir como el conjunto de respuestas fisiológicas que presenta el organismo ante una amenaza real o imaginaria.

 

Diferenciar ambos estados no es tan importante como identificar el malestar de pensamientos, sensaciones o emociones que nos trae tanto la ansiedad como el estrés. La manera de actuar, las acciones que lleva nuestro organismo para evitar estos estados nos envuelve en una espiral o efecto bola de nieve, viéndonos cada vez más limitados en la vida.

 

El origen puede ser múltiple:  la educación recibida, la naturaleza del problema real presente, conflictos psicológicos anteriores, periodo de situaciones estresantes de larga duración… La temática de las preocupaciones es muy amplia ya que la vida, en general, da muchas alertas amenazantes: qué pensará mi jefe, a ver si voy a tener una enfermedad, no quiero que le pasa nada a mis familiares, cuándo me echaré novia, y si mi marido me deja…

 

Una gran mayoría de pacientes que sufren estrés o ansiedad es porque funcionan en la línea de “lo esperado”. Esto es, funcionan en base a lo que se espera de ellos. Están continuamente modificando conductas para que los demás les aprueben. Tienen lo que se llama un locus de referencia externa.

 

Una realidad o un hecho amenazante que percibamos provoca ansiedad, esa ansiedad provoca estrés;  se ve la realidad o amenaza más preocupante y así se envuelve en la espiral eterna.

 

El trabajo en terapia es trasladar este locus de control externo al interior. Lo más importante es recuperar la sensación de control. Es un proceso más o menos costoso. Parece un tópico el aprender a dirigir la vida desde nuestro interior, pero con ayuda de tu psicólogo, todos esos mecanismos inconscientes propios de la ansiedad y estrés se reducen hasta afrontar la situación desde una respuesta de calma.