¿Qué me pasa, doctor?

 

La característica más importante es el miedo a padecer una enfermedad de carácter grave o la creencia de que ya se tiene, por la visión catastrofista que se tiene de las sensaciones subjetivas corporales o signos visibles, siendo esta, una interpretación errónea. Lo que suele estar asociado, o está en la base de este trastorno, es un miedo intenso al malestar y a la muerte.

 

En este cuadro son características las visitas al médico de forma frecuente, para asegurarse de la inexistencia de cualquier enfermedad, en el que tras la valoración negativa de esta, el paciente se queda más tranquilo pero a medio plazo vuelve a estar preocupado. En ocasiones, es tanta la ansiedad que les produce ir al médico, que prefieren no hacerlo y quedarse con la duda, lo que también les genera gran malestar. Tienen el convencimiento de que no tiene cura su malestar. Se da una alta sensibilidad a cualquier estímulo que les recuerde a enfermedad.

 

Este tipo de cuadros está asociado a un aprendizaje familiar temprano. Suelen ser familias muy protectoras en las que los cuidadores han vivido con angustia las enfermedades de los propios niños en los que  luego se desarrolla la hipocondría en un futuro, o de algún familiar cercano. Cuando existe hipocondría ha habido con anterioridad una exposición a enfermedades o al menos una exposición al miedo por padecerlas. En algunos casos no ha existido exposición y la persona tiene una referencia interna drástica de interpretación de estímulos procedentes del propio organismo.

 

Uno de los objetivos terapéuticos es explicar que el miedo  no hace que la enfermedad se desarrolle. La sobreatención a su cuerpo es una alerta de miedo. Hay que desensibilizar el miedo a la muerte igual que se tratan las fobias. Las nuevas metodologías estimulan regiones del cerebro para aprender a focalizar la atención en el presente externo y dotarle de interpretaciones más realistas sobre lo que pasa en su interior a nivel orgánico.

 

Se trata de reducir el miedo o la ansiedad ante el sufrimiento, la muerte y ante enfermedades graves. Hay que entrenar a la persona, por tanto, a localizar la atención al exterior del cuerpo en lugar de las sensaciones que provienen de su interior.

 

Se requiere un conjunto de técnicas y ejercicios escogidos de diferentes aportaciones dentro del campo de la Psicología ya que las áreas a modificar están en vías distintas pero sobre todo a nivel de pensamientos obsesivos y monotemáticos y a nivel de percepciones de sensaciones corporales.